EL PAÍS. 17 d'abril 2004
Ricard Gomà
Gobierno
local y políticas sociales: los retos inaplazables
Desde hace 25 años, la
aportación de los ayuntamientos democráticos
a la cohesión social es más relevante
de lo que suele reconocerse, aunque no ha estado
exenta de límites estructurales. Nuestro modelo
municipal dota a la esfera local de niveles altos
de autonomía, pero restringe sustancialmente
su capacidad de gestión de recursos. Además,
nuestro modelo de bienestar sitúa en los ámbitos
estatal y autonómico el desarrollo de los
sistemas públicos de protección social,
empleo, promoción de vivienda, salud y educación.
Las garantías legales de participación
de los municipios en las políticas que traducen
derechos de ciudadanía son escasas y débiles.
Aún así, merece la pena subrayar el
compromiso social de las ciudades. Y reflexionar
sobre la necesidad de romper techos políticos
para encarar los retos pendientes pero ya inaplazables
del bienestar de proximidad.
En una primera etapa, los
gobiernos locales desplegaron un activismo social
más reactivo que estratégico.
Había poco margen para la discusión
de prioridades. Se dotó a los barrios de una
red básica de atención social y de
equipamientos comunitarios. Más tarde, ya
en la década de los 90, se planteó el
debate sobre los modelos sociales de ciudad, y se
instrumentaron algunas de las políticas que
permitían caminar en la dirección propuesta.
El Plan Integral de Servicios Sociales de Barcelona,
por poner un ejemplo, marcó un punto de referencia
claro. Pero en estos últimos años,
las bases sociales sobre las que habían operado
los ejercicios de planificación se alteran
de forma acelerada y profunda. Ya casi nada es como
antes. La estructura social de la ciudad industrial
se desvertebra y emerge una realidad compleja e incierta;
con nuevas oportunidades, pero también con
nuevos riesgos de exclusión; con las viejas
identidades tambaleantes pero con vínculos
de solidaridad de nuevo cuño.
En Barcelona, en
sólo 6 años, se ha
disparado el índice de envejecimiento, se
ha doblado la tasa de monoparentalidad y se ha cuadruplicado
el porcentaje de población inmigrante. Desde
los dispositivos de atención social se ha
respondido con compromiso, creatividad y dinamismo,
pero también con dificultades, desconcierto
e interrogantes no resueltos. La brecha entre las
necesidades emergentes y nuestra capacidad de respuesta
se ha ensanchado. Debemos reconocerlo para afrontar,
sin dilaciones, los desafíos de adaptación,
puesta al día y relanzamiento de las políticas
locales de bienestar social. Lo estamos haciendo.
Desde el gobierno plural de izquierdas de Barcelona
hemos situado los servicios a las personas y, dentro
de ellos, los servicios de atención y promoción
social, como una de las cuatro prioridades estratégicas
del mandato, junto al mantenimiento sostenible del
espacio público, la vivienda y la convivencia
cívica.
Dar cumplimiento a la prioridad de lo
social en Barcelona implica todo un abanico de proyectos,
pero
la mayoría se articulan en torno a tres ejes.
En primer lugar, la mejora integral de la red
básica
de servicios sociales: fortalecimiento de los equipos
y recursos de atención primaria, incremento
sustancial de la atención domiciliaria y nuevos
modelos de trabajo que prioricen los procesos de
desarrollo comunitario en los barrios. En segundo
lugar, la apuesta decidida por el Proyecto de
Ciudad Inclusiva, que arrancará en breve con un gran
Acuerdo Ciudadano por la inclusión social,
protagonizado, junto al Ayuntamiento, por la amplia
red de entidades que trabajan contra la pobreza y
la exclusión. Y en tercer lugar, la puesta
en marcha de una dinámica de cooperación
entre el Ayuntamiento y la Generalitat. Dinámica
que nos conduzca, por un lado, a crear el Consorcio
de Servicios Sociales, como marco para fortalecer
y articular nuestras redes de atención a la
infancia, a la vejez y a las personas con discapacidad.
Y por otro lado, a hallar todas las sinergias posibles
en materia de inmigración, por medio de una
sólida conexión entre las políticas
de acogida, de cohesión social y de convivencia
intercultural.
Tras 25 años de avances colectivos, el reto
de una Barcelona más inclusiva e igualitaria
sigue vivo y apasionante. Lo afrontamos con ilusión
y respeto, desde valores de solidaridad, desde la
complicidad interinstitucional y desde el impulso
sincero a la participación social.
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Ricard Gomà
Concejal de Bienestar
Social del Ayuntamiento de Barcelona
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