EL PAIS - 23 de setembre de 2004
Ricard Gomà
Immigración
y ciudad
Barcelona forma parte ya de
ese extraordinario tejido humano de la multiculturalidad.
Nuestra ciudad es un mosaico de acentos y colores
que estalla en cada esquina. Diversidad que constituye
hoy el principal factor de enriquecimiento humano
y dinamización de nuestra sociedad. En torno
al 13% de la población de Barcelona, unas
210.000 personas, son hoy nuevos vecinos llegados
en gran parte de ese sur social, reflejo de la globalización
desigual. Algunos clichés nos hablan de guetos
urbanos y amenazas religiosas. Sin embargo, en Barcelona
la inmigración se distribuye de forma cada
vez más homogénea. Predomina la pluralidad
de lenguas y religiones de procedencia. Y el porcentaje
de titulados universitarios entre la inmigración
reciente está por encima del de la población
autóctona.
Una sociedad receptora debe trabajar
a fondo tres grandes dimensiones de cohesión: la política,
es decir, el acceso a la residencia, la ciudadanía
y el derecho de voto con independencia del origen
de cada persona; la social, que pasa por palancas
sólidas de inclusión en los servicios
públicos, la vivienda y el mercado laboral,
y la cultural, que conecta con el reconocimiento
y la acomodación de las diferencias. El papel
de los gobiernos locales debería ser intenso
en estas dos últimas dimensiones: desde redes
potentes de servicios de primera acogida, hasta planes
comunitarios dinamizadores de las relaciones vecinales
en barrios multiculturales, como factores clave para
articular ciudades solidarias.
En Barcelona tenemos
un plan de inmigración
forjado a partir de la negociación y el acuerdo
que ha operado, sin embargo, en el marco de una ley
de extranjería excluyente y de una nefasta
gestión del hecho inmigratorio por parte del
anterior Gobierno del Estado. Hace falta una reforma
legal a fondo, que elimine los factores generadores
de marginación, y un giro sustancial en las
políticas públicas, que abra vías
estables y sólidas de integración.
Se están dando pasos significativos: desde
el plan de respuesta al colapso heredado en la renovación
de permisos hasta los nuevos planteamientos en torno
a aspectos clave del futuro reglamento. El horizonte
debería fijarse en la plena regularización
sobre la base del arraigo social, idea que va más
allá de la vinculación entre inmigración
y mercado laboral, por muy relevante que ésta
sea. Además, los elementos de diálogo
y la voluntad de acuerdo deberían ser predominantes,
tanto entre administraciones como entre éstas
y el tejido asociativo, enterrando las vías
autoritarias y represivas. Todo ello configura una
realidad determinada por variables de amplio alcance,
pero con impactos directos sobre el ámbito
local. En los ayuntamientos nos vemos empujados a
abordar las consecuencias cotidianas de dinámicas
sociales y decisiones públicas sobre las que
no hemos podido incidir. Sin embargo, ahí estamos,
sin renunciar a afrontar una cuestión clave
en al que nos jugamos buena parte de nuestro empeño
por hacer de la ciudad un espacio cotidiano de inclusión
social. En Barcelona, el Plan Municipal nos exige
abordar la inmigración desde valores de integración
e interculturalidad. Y lo estamos haciendo, de forma
a menudo poco visible, pero con altos niveles de
compromiso: mediante una política de empadronamiento
activo que permite el acceso a los servicios públicos
con independencia de cualquier otra circunstancia;
la red de recursos formada por el Servicio de Atención
a las Personas Inmigrantes, la atención primaria
y los dispositivos de cobertura de necesidades básicas;
un programa potente de acogida lingüística
y un servicio de traducción en 34 lenguas;
los equipos de mediación interpersonal y comunitaria;
las escuelas públicas y los programas de empleo
de Barcelona Activa; convenios de colaboración
con ONG...
Forjar una ciudad inclusiva e intercultural
es un reto apasionante. La confluencia de actores
públicos
y asociativos comprometidos con los valores de la
acogida y la convivencia adquiere una importancia
fundamental. Queda mucho camino. En él estamos,
dispuestos a tejer acuerdos políticos y complicidades
ciudadanas, para convertir el objetivo de la Barcelona
diversa, mestiza y solidaria en múltiples
realidades cotidianas y palpables.
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Ricard Gomà
Concejal de Bienestar
Social del Ayuntamiento de Barcelona
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