EL PAÍS - 23 de febrer de 2005
Imma Mayol
Carmel,
microgestión y calidez
La crisis del Carmel centra desde
hace semanas todos nuestros esfuerzos. Hemos tenido
que afrontar una situación compleja que se
ha visto agravada por la incertidumbre y la desconfianza
que desataron las dudas sobre aspectos técnicos.
La pérdida de credibilidad en este ámbito,
para una sociedad acostumbrada a percibirlo como
inapelable, resulta preocupante. La desconfianza,
unida a la lógica angustia de los vecinos
y vecinas afectados, se ha trasladado también
a la Administración, a quien nos corresponde
garantizar una enorme claridad en las explicaciones
si aspiramos a recuperar –en un tiempo que
no podemos esperar inmediato— nuestro crédito.
Sólo una respuesta contundente y comprensible
para todos nos permitirá superar esta situación.
Lo sabe el conseller Nadal. Él debe ser el
primer interesado en garantizar una transparencia
máxima sobre lo sucedido. Y es con esta convicción,
y desde el respeto político que me merece,
que en su momento asumimos el margen de tiempo que
reclamaba, confiando en que sus explicaciones han
de permitir llegar hasta el fondo. Es imprescindible
hacerlo, por la vía que haga falta, incluso
con una comisión de investigación que
aborde tanto la vertiente política como la
responsabilidad técnica, especialmente ante
las dudas, hoy en boca de todos, que suscita la gestión
de GISA durante el mandato del anterior gobierno
catalán. La asunción demasiado acrítica
de un determinado modelo político y de gestión
en el ámbito de la política territorial
puede llevar al conseller Nadal a convertirse en
víctima de la continuidad institucional que
tanto ha defendido, a pesar que, en este caso, haya
supuesto la permanencia de un modelo aquejado de
una excesiva delegación de la responsabilidad
de la obra en una cadena de subcontrataciones.
Pero las explicaciones y el esclarecimiento de las
responsabilidades no pueden colmar por sí solas
las necesidades de los vecinos y vecinas. Ellos son
lo importante ahora. Más que en los aludes
de cifras grandilocuentes, debemos centrarnos en
la microgestión de sus demandas: hay que resolver
las grietas en los pisos, tramitar con agilidad el
realojo de los afectados, dar respuesta a todas y
cada una de las peticiones mediante una gestión
próxima, eficiente y cálida, que suscite
confianza.
De nuevo, más no es mejor. Los planes de rehabilitación
del barrio son muy importantes, pero planteados de
forma apresurada o en un momento inadecuado pueden
contribuir a acrecentar el malestar de unos ciudadanos
y ciudadanas que nos esperan asequibles y diligentes
para resolver cuanto antes sus problemas inmediatos.
Esta es la actitud que ha guiado a lo largo de estos
días a profesionales, técnicos municipales
y buena parte de los responsables políticos
que hemos estado en el Carmel. Esta actitud, de la
que la concejal del distrito, Elsa Blasco, ha sido
exponente, es el camino principal para recuperar
la confianza de quienes se han sentido defraudados
por la Administración.
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