EL PAIS - 23 de maig de 2005
Imma
Mayol
La
Generalitat y la energía: ¿continuidad
o cambio?
Con la polémica suscitada
entorno a la construcción de la línea
de alta tensión en las comarcas de Girona
corremos el riesgo de desvirtuar un debate más
amplio, más profundo, y necesario, sobre el
modelo energético del que debe dotarse Catalunya
para afrontar las próximas décadas.
La elaboración de un nuevo Plan de Energía
por parte de la Generalitat marca, en este sentido,
un momento crucial, pues evidenciará si el
Gobierno catalán apuesta por una auténtica
transformación presidida por criterios sostenibilistas
o por una política de maquillaje medioambiental,
de disimulado continuismo del modelo implantado por
el gobierno anterior.
No se trata de un tema menor. La planificación
de los sistemas de generación, transporte
y consumo de energía es uno de los principales
y más complejos retos que afronta nuestra
sociedad, edificada sobre una nociva asociación
entre el crecimiento económico y un sostenido
incremento del consumo energético. Es este
planteamiento, que debemos esforzarnos en desactivar,
el que lleva a algunos sectores políticos
y económicos a preocuparse sólo por
garantizar la generación de energía
suficiente para responder a una demanda que crece
de manera ilimitada. El debate, pues, no es sencillo,
ya que requiere cuestionar radicalmente las bases
de un pensamiento desarrollista muy arraigado, liderado
por el liberalismo, pero que fue asumido también
por el marxismo, que planteaba el problema del reparto
del crecimiento sin tener en cuenta que el consumo
de recursos es limitado.
Justamente por ello, nos apremia la necesidad de
definir una planificación energética,
a medio y largo plazo, que nos dote de instrumentos
suficientes para quebrar esta tendencia, de forma
que las políticas de energía promovidas
por las administraciones públicas no se limiten
a gestionar una realidad instalada, sino que tengan
la capacidad de alterarla. Necesitamos que desde
la Generalitat se impulse una auténtica transición
hacia un modelo que no olvide, además, que
la nueva cultura de la energía no puede limitarse,
como ha venido siendo habitual, a la generación
de electricidad. La lucha contra el cambio climático,
la mejora de la calidad de vida y el incremento de
nuestra competitividad requieren de un plan energético
que incorpore a los sectores altamente consumidores
de energía como el transporte, el residencial
y el terciario, y que establezca como primera prioridad
un ambicioso plan de choque para el ahorro y la eficiencia
energética.
En este contexto, el nuevo Plan de Energía
del Gobierno catalán debe contemplar un horizonte
delimitado para el cierre de las centrales nucleares,
sin que ello conlleve un automático incremento
en el consumo de las energías fósiles,
sentenciadas por una ineludible fecha de caducidad
y por un aumento exponencial de su coste. Para ello,
hay que prever la instalación de un número
limitado de centrales térmicas de ciclo combinado
que garanticen la función del gas como energía
de transición hacia el predominio de las renovables,
nunca de sustitución de la energía
nuclear o de origen fósil.
Es imprescindible, por ello, una firme apuesta en
paralelo por el desarrollo de las energías
renovables y, sobre todo, por el impulso de medidas
de ahorro y de eficiencia energética, donde
tenemos un larguísimo camino por recorrer.
Hay que acercar la producción de energía
a su lugar de consumo, para evitar las colosales
pérdidas que se registran hoy. En este sentido,
la idea de surtir las comarcas de Girona con energía
transportada desde centrales nucleares francesas
o desde Vandellós es, sencillamente, irracional.
Debemos reforzar la red de media y baja tensión,
absolutamente precaria en esta zona, en lugar de
apostar por una línea de 400 kV, con un enorme
impacto sobre el territorio y que no se justifica
por la llegada del AVE, ya que una potencia de 220
kV es suficiente para garantizar su alimentación.
Catalunya tiene hoy la ocasión de liderar
un cambio de modelo, apostando con coraje por el
desarrollo de la energía solar, por la implantación
de parques eólicos, por la utilización
de la biomasa y la puesta en marcha de serias medidas
de ahorro y eficiencia. En todos estos ámbitos,
Barcelona ha sido ya pionera, promoviendo iniciativas
como la ordenanza que dispone el uso de la energía
solar térmica en casi todos los edificios
nuevos y rehabilitados en la ciudad. Desde la Agencia
de Energía de Barcelona impulsamos, asimismo,
uno de los proyectos de mayor envergadura en materia
de eficiencia energética, que prevé el
aprovechamiento del frío residual generado
por la regasificadora.
Celebramos que ahora la sintonía con el Gobierno
de la Generalitat nos facilite el camino y nos permita
ir más allá, pues el desarrollo alcanzado
por la tecnología, acompañado de voluntad
política y de alianzas con los sectores económicos
y los movimientos ecologistas, nos sitúa ante
un horizonte prometedor que no nos podemos permitir
desaprovechar.
|