EL PAÍS - 21 de juny de 2005
Ricard
Gomà
Por
una Barcelona inclusiva
El pasado mes de marzo, el pleno
del Ayuntamiento de Barcelona dio luz verde al Plan
municipal para la inclusión social, Barcelona
inclusiva (2005-2010). Todos los grupos políticos
-a excepción del PP- saludaron la aprobación
del plan y mostraron, desde sus respectivos ángulos
y matices, la voluntad de desarrollar las propuestas
en él contenidas. Sin duda, el plan deberá evaluarse
en función de su capacidad para generar respuestas
concretas a las necesidades y los riesgos de exclusión
presentes en la ciudad. Y en ese camino estamos ciudadanía,
técnicos, asociaciones y representantes políticos,
intentando tejer complicidades y objetivos compartidos,
analizando los puntos de vista diferentes y los conflictos,
en tanto que oportunidades de creatividad e innovación.
Barcelona
es hoy una ciudad de gran complejidad social: multicultural,
con pautas de inserción
muy diversificadas en los mercados de trabajo y de
vivienda, con múltiples modelos de familia,
intergeneracional, con usos emergentes del espacio
y de los tiempos cotidianos, con relaciones de género
en constante rearticulación. Y todo ello sucede
sobre bases culturales muy dinámicas, y sobre
nuevas formas de cristalización de las desigualdades.
El viejo imaginario de lo colectivo, construido sobre
certidumbres y estabilidades de clase, laborales,
religiosas o lingüísticas, se desvanece.
Surgen procesos de individualización -nada
que ver con el individualismo- en que la reconstrucción
de la ética colectiva sólo puede hacerse
desde la subjetividad y la reflexividad. A las clásicas
desigualdades de renta se articulan nuevas dimensiones
de vulnerabilidad social, que conducen a complejos
procesos de exclusión. Las políticas
sociales ya no pueden operar como antes. Ahora el
paradigma de la inclusión propone la necesidad
de entretejer valores, de poner en diálogo
la igualdad, el reconocimiento de las diferencias,
la promoción de la autonomía personal
y la generación de vínculos fuertes
de convivencia y comunidad.
El plan recoge los rasgos
concretos del marco social y cultural apuntado, y
articula líneas de
trabajo, objetivos y acciones con nítida vocación
operativa. Plantea la mejora y la expansión
de la atención social primaria, como dispositivo
básico y universal de inclusión en
el territorio. Propone dar prioridad a acciones preventivas
y servicios de atención a cuatro colectivos
vulnerables (la gente mayor frágil, las personas
con discapacidad, las familias con infancia en riesgo
y los inmigrantes en proceso de acogida). Apuesta
por la vinculación de las personas en riesgo
de exclusión a los resortes básicos
de reinserción y autonomía: el acceso
al empleo y a la vivienda, la salud y la educación.
Todo ello cruzado por la opción deliberativa
como forma habitual de trabajo: el fortalecimiento
de la acción comunitaria y de los consejos
de participación social, y la propuesta de
un gran Acuerdo ciudadano por una Barcelona inclusiva.
La
voluntad operativa del plan ha empezado ya a dar
sus primeros frutos. El pasado mayo se puso en
marcha el primer servicio municipal de acogida nocturna
de baja exigencia para personas en estado avanzado
de desestructuración, con lo que se completó el
primero de los equipamientos integrales de atención
a personas sin techo.
Pero quizá la novedad más importante
por lo que supone de salto cuantitativo y de modelo
es el programa de extensión del servicio municipal
de teleasistencia domiciliaria. Gracias a un acuerdo
entre el Ayuntamiento, el IMSERSO y la FEMP, este
servicio podrá crecer desde las 4.000 personas
ahora atendidas hasta 25.000 a finales de 2007. El
30,8% de las personas mayores que viven solas dispondrán
de teleasistencia, muy por encima del 12% establecido
en el Plan Gerontológico del Estado. La edad
será un criterio prioritario: las más
de 15.000 personas solas mayores de 85 años
podrán acceder al servicio sin ningún
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