EL PAÍS - 25 d'octubre de 2005
Ricard
Gomà
El
Consorcio de Servicios Sociales de Barcelona: del
deseo a la realidad
La Carta Municipal de Barcelona,
aprobada por el Parlament en 1998, incorporó la
constitución de Consorcios entre el Ayuntamiento
y la Generalitat para la planificación y la
gestión compartida de recursos en materia
de educación, salud, vivienda y servicios
sociales. La idea de fondo era clara. Barcelona afirmaba
con nitidez su voluntad y capacidad para desarrollar,
desde criterios de proximidad, una potente dimensión
municipal de bienestar. La Generalitat, por su parte,
no podía ni debía quedar al margen
del modelo social a construir en la capital del país.
Los Consorcios de educación, salud y vivienda
arrancaron, no sin problemas, durante el pasado mandato
municipal. El de servicios sociales se resistió.
La falta de voluntad política y la desconfianza
del gobierno de CiU hacia el mundo local, y en especial
hacia Barcelona, sumado a la gran complejidad interna
del sistema de servicios sociales, y a la fragilidad
normativa y económica de éstos, frustraron
los repetidos intentos de fraguar el Consorcio. No
se consiguió tampoco acordar la necesaria
ampliación de la red de equipamientos sociales
de la ciudad.
Hoy podemos afirmar que las cosas han
cambiado, y en sentido positivo. El gobierno catalanista
y
de izquierdas, el fortalecimiento de la prioridad
de atención a las personas en Barcelona, y
las voluntades políticas respectivas de sumar
esfuerzos de manera concertada, constituyen los factores
que explican el acuerdo de constitución del
Consorcio de Servicios Sociales, anunciado hace unos
días por la Consellera Anna Simó y
el Alcalde Joan Clos. Tras siete años, la
tan esperada puesta en marcha del Consorcio no implica
ningún final de trayecto. Todo lo contrario,
adquiere sentido en tanto que punto de arranque hacia
cambios en las políticas sociales, cuyo único
objetivo de fondo reside en la mejora del bienestar
cotidiano de todas las personas, y en el avance,
por tanto, hacia una ciudad más inclusiva
y solidaria. Es momento también de reconocer
y agradecer el trabajo callado y riguroso llevado
a cabo por los equipos técnicos y gerenciales
de ambas instituciones, así como la comprensión
y el apoyo crítico mostrado por un tejido
asociativo y comunitario que nos empuja, en todo
momento, a superar inercias.
El Consorcio de Servicios
Sociales nace como un espacio integrado de planificación de todo
el sistema de servicios en el ámbito de Barcelona,
y como un instrumento de programación y gestión
conjunta de un abanico importante de servicios de
atención social especializada dirigidos a
colectivos de mujeres e infancia en riesgo, y a personas
con discapacidad y dependencia de raíz socio-sanitaria.
Ejercerá también funciones de información
a la ciudadanía y de evaluación de
programas sociales. Todo ello en un marco de corresponsabilidad
institucional –entre la Generalitat y el Ayuntamiento-
en sus órganos de decisión. Se plantea,
en síntesis, el interesante reto de cogobernar
un espacio de generación pública de
bienestar, orientado a hacer efectivos los derechos
sociales de personas y colectivos socialmente vulnerables.
Pero
quizás lo más remarcable de todo
sea que el Consorcio nace en un contexto de esperanzas
y realidades, que no existía hace sólo
algunos meses. Por una parte, la esperanza que el
nuevo Estatut sea aprobado en Madrid y apoyado por
la ciudadanía de Cataluña para que
pueda desplegar su magnífico potencial en
el ámbito social. En el Estatut se dibuja
un espacio de ciudadanía muy ambicioso, que
apoyado en un buen sistema de financiación,
debe operar como garantía de avance hacia
una ciudad y un país con justicia social y
pobreza cero. Por otra parte, la realidad de compromisos
de avance social ya adquiridos; en concreto, el Plan
Municipal para la Inclusión Social, aprobado
en marzo, y el Convenio de Equipamientos Sociales
de Barcelona, firmado el pasado mes de julio. El
primero apuesta por una red fortalecida de atención
social primaria que ya ha empezado a dar sus frutos
(más trabajadoras sociales, teleasistencia,
viviendas de inclusión, planes comunitarios).
El segundo apuesta por la expansión de la
red de atención social especializada (centros
de día, residencias asistidas, viviendas con
apoyo, centros de acción educativa), con 50
equipamientos y más de 2.500 nuevas plazas
públicas en la ciudad.
Todo ello, lejos de cualquier
tentación de
refugio en la retórica, confiere confianza
y contenidos de partida al nuevo Consorcio. Lejos
también de cualquier visión acrítica
y complaciente, sabemos que queda mucho camino por
recorrer. La realidad compleja y cambiante de Barcelona
se traduce hoy en dinámicas y riesgos emergentes
de exclusión y pobreza, que reconocemos y
afrontamos. Desde el gobierno municipal seguiremos
trabajando duro por la inclusión social. Necesitamos,
eso sí, el apoyo y los recursos –en
mucha más medida- de los gobiernos de Cataluña
y del Estado. Confiamos en ellos y en los avances
que están impulsando, pero no cejaremos en
demandar su implicación a fondo y tangible
en el objetivo compartido de una Barcelona que debe
sustentar su modelo de convivencia cívica
en una base fortalecida de cohesión social.
Ricard
Gomà
Concejal de ICV-EUiA y responsable de Bienestar Social
del Ayuntamiento de Barcelona
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