LA VANGUARDIA - 20 de març de
2006
Imma
Mayol
Las
falsas soluciones a la prostitución
Asistimos últimamente
a un debate público surgido de la encomiable
pretensión de la Generalitat de afrontar la
regulación de la prostitución. Emergen
en él las tradicionales posturas que pendulan
entre el abolicionismo y la legalización.
A mi entender, lo más urgente es acabar con
alegalidad actual, que deja en la más absoluta
desprotección y vulnerabilidad a las trabajadores
sexuales. La regulación es la forma más
realista de aproximarse a este fenómeno, huyendo
de las posturas maximalistas que se decantan por
no hacer nada ante la imposibilidad de resolverlo
todo o de las que optan por la nociva doble moral
que representa el prohibicionismo. Es cierto que
crear un marco legal no hará desaparecer la
prostitución, pero concederá a quienes
la ejercen los derechos de los que hoy injustamente
no gozan. Y es que éste debe ser el objetivo último
de cualquier intento de regulación. Al menos,
es el que a mí me preocupa.
Las garantías de convivencia en el espacio
público son un bien a preservar, pero es un
error convertirlas en el criterio rector de una normativa
que pretende ordenar el sector de la prostitución.
Plantearlo así sería empezar la casa
por el tejado. Hemos de evitar centrar el debate
en la disyuntiva entre prohibir la prostitución
callejera o crear zonas de tolerancia. Es necesaria
la existencia previa de un marco legal que salvaguarde
los derechos de las trabajadoras sexuales y favorezca
el ejercicio de la prostitución en espacios
autogestionados que no contribuyan a engrosar las
arcas de los empresarios del comercio sexual.
La regulación de la prostitución ayuda
a dignificar a quienes la ejercen y las condiciones
en que la practican, favorece la autonomía
de las trabajadoras sexuales, y facilita a su vez
la persecución de conductas delictivas, haciendo
aflorar además la economía sumergida
vinculada a esta actividad. El proceso debe acompañarse
del diseño de soluciones para quienes desean
abandonar esta práctica, y de medidas preventivas
para frenar una progresiva feminización de
la pobreza que alimente el número de mujeres
que se ven abocadas a ejercer la prostitución.
Sólo habiendo puesto en práctica garantías
o alternativas para quienes ejercen la prostitución,
podremos afrontar la búsqueda de soluciones
al impacto de esta actividad sobre el espacio público.
Hacerlo al revés, por efectista que pueda
resultar, no aborda el problema de raíz y
focaliza toda la presión sobre la parte más
vulnerable del colectivo. Así lo advertimos
al argumentar nuestro rechazo a la ordenanza sobre
la convivencia aprobada por el Ayuntamiento de Barcelona.
Por otra parte, es importante distinguir nítidamente
el trabajo sexual de la explotación sexual
y fortalecer los mecanismos para perseguir con mayor
contundencia esta última. Si es ésta
una labor atribuible directamente a los cuerpos policiales
y la Conselleria de Interior no creo, en cambio,
que corresponda a este departamento en exclusiva
el diseño de una estrategia reguladora de
la prostitución, que deberá surgir
de un trabajo transversal en la Generalitat y con
los entes locales, los colectivos afectados y las
entidades que trabajan en este ámbito, con
demostrada capacidad de interlocución.
Pero es esencial asumir que cualquier intento regulador
chocará con la extraordinaria limitación
que supone la inexistencia de un marco legal estatal.
Desde la coincidencia de criterio en la necesidad
de regular este sector, las formaciones que integramos
el Gobierno catalán deberíamos dirigir
nuestros esfuerzos a resolver este déficit
para evitar que cualquier normativa que promovamos
se convierta sólo en un parche o acabe por
generar más problemas que los que aspira a
resolver.
Imma Mayol Beltran
Vicepresidenta de ICV y tercera teniente de alcalde
en el Ayuntamiento de Barcelona
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