El PAIS - 15 de maig de
2006
Ricard
Gomà
El
Acuerdo Ciudadano por una Barcelona Inclusiva
El pasado 5 de abril, en el Saló de
Cent del Ayuntamiento de Barcelona, más de
150 entidades formalizaron el nacimiento del Acuerdo
Ciudadano por una Barcelona Inclusiva. Se trataba
de hacer tangible la confluencia de acciones, asociativas
y municipales, orientadas a luchar contra la exclusión
social y a generar procesos de inclusión y
condiciones de vida dignas para todas las personas.
No lo escondemos, en la Barcelona compleja y dinámica
del siglo XXI persisten factores potentes de desigualdad,
que dan lugar a situaciones de pobreza y marginación
en personas y colectivos vulnerables. Y no nos escondemos,
en la medida de nuestras posibilidades, en el gobierno
local afrontamos el reto de la ciudad inclusiva y
solidaria mediante políticas activas de bienestar
y, ahora también, a través del pacto
de compromisos mutuos que implica el Acuerdo Ciudadano.
Las estrategias de inclusión tienen por objetivo
construir condiciones de autonomía personal
y vinculación a redes sociales, en la perspectiva
de una ciudad cohesionada donde puedan realizarse,
en términos de igualdad real, todos los proyectos
de vida. A lo largo de este último año,
el Plan Municipal para la Inclusión Social
ha ido desplegando servicios y recursos: atención
domiciliaria y teleasistencia, proyectos de integración
y mediación intercultural, procesos de inserción
de personas sin techo, acción socioeducativa
con jóvenes en riesgo, servicios de accesibilidad,
programas de inclusión laboral y acceso a
la vivienda de familias vulnerables. Es sólo
una primera etapa, asentada en un importante bagaje
histórico de políticas sociales. A
partir de la evaluación crítica de
los resultados obtenidos, deberemos ir ampliando
y afinando los andamiajes colectivos del bienestar.
En esta tarea no puede faltar nadie, estamos obligados
a explorar cauces de encuentro y de trabajo cooperativo
entre los múltiples actores de la inclusión.
La dimensión relacional de las políticas
sociales se concreta en un amplio abanico de procesos.
Destaca, en primer lugar, todo lo que gira en torno
a la acción comunitaria, es decir, a la capacidad
de liderazgo del tejido asociativo, en alianza con
los servicios de proximidad, para mejorar los barrios
de la ciudad. En 2005 se han desarrollado en Barcelona
11 planes comunitarios y alrededor de 20 iniciativas
de intercambio solidario con apoyo municipal (bancos
del tiempo, viviendas compartidas, programas de bon
veïnatge). Aparecen con fuerza, en segundo lugar,
las dinámicas de implicación ciudadana
en los consejos de participación social (pueblo
gitano, personas mayores, infancia, salud, drogodependencias,
discapacidades...). Sólo en el Consejo de
Bienestar Social participaron, en 2005, 140 entidades
y 564 personas que elaboraron propuestas de acción
e hicieron un seguimiento continuado de las políticas
municipales. Cabe considerar por último el
programa B3 (Barcelona, beneficios, bienestar), proyecto
impulsado por el Ayuntamiento y ABAS (Barcelona per
l'Acció Social) -una plataforma de más
de 60 organizaciones-, orientado a promover acciones
de solidaridad horizontal entre empresas socialmente
responsables y entidades que trabajan en el ámbito
de la exclusión. En 2005 se gestaron 25 iniciativas
estables de colaboración, con más de
30 empresas implicadas y unas 75 entidades beneficiadas.
El Acuerdo Ciudadano por una Barcelona Inclusiva
suma y engloba esfuerzos. Nace con la voluntad de
dotar de un espacio común de intercambio y
aprendizajes cruzados al conjunto de actores sociales
que comparten los valores de igualdad, diversidad,
autonomía y convivencia que se reflejan en
el texto fundacional. Pretende también visualizar
estrategias ya en marcha de trabajo en red, así como
promover nuevas oportunidades de cooperación.
Más allá del conocimiento mutuo y del
impulso de proyectos colaborativos, el Acuerdo Ciudadano
arranca con tres redes de acción por la inclusión
social ya constituidas. Con planes de trabajo, objetivos
y calendarios acordados entre el Ayuntamiento y núcleos
de agentes sociales activos en las respectivas áreas
temáticas: la atención a las personas
sin techo, la intervención socioeducativa
en centros abiertos de infancia y la inserción
laboral de colectivos vulnerables. Son cuestiones
estratégicas. La superación de la exclusión
residencial, la ciudad educadora y el acceso a empleos
de calidad operan como vectores clave en la trayectoria
hacia la ciudad inclusiva. Es previsible la configuración,
en un futuro próximo, de nuevas redes de acción.
El Acuerdo Ciudadano quiere funcionar también
como una verdadera incubadora de redes, como motor
facilitador de conexiones entre actores y proyectos
con potencial de vertebrar nuevas plataformas de
acción.
Pero tal vez más importante, el Acuerdo Ciudadano
por una Barcelona Inclusiva puede ofrecer, con toda
modestia, un espacio donde validar modelos y prácticas
emergentes, en el avance hacia nuevos horizontes
de ciudadanía social. Los objetivos clásicos
del Estado de bienestar, los que respondían
a necesidades homogéneas en el marco de la
ciudad industrial (educación, sanidad, pensiones
contributivas), pudieron abordarse desde el binomio
gasto público expansivo-prestación
tecnocrática de servicios. Me temo que eso,
ahora, no es suficiente; quizá ni puede operar
ya como la lógica principal del proyecto.
Los nuevos desafíos de la ciudad inclusiva
-cotidianidad sin relaciones de dominación,
capacidad de gestión autónoma de itinerarios
vitales, convivencia en la diversidad- exigen resituar
las redes de solidaridad, el capital social, los
lazos comunitarios y la proximidad como valores centrales
de transformación. Exigen forjar -en un plano
más operativo- una nueva cultura de gobernabilidad,
de interacción entre lo municipal y lo social
en el marco de un espacio público compartido
y no monopolizado. Una interacción generadora
de redes y no de dependencias, que asume la gestión
de las contradicciones y del conflicto social como
fuente de creatividad, y no pretende suprimirlo desde
parámetros de jerarquía formal ni desde
ningún supuesto patrimonio de la verdad. El
reto de la Barcelona inclusiva y solidaria concita
muchos esfuerzos y energías. El Acuerdo Ciudadano
pretende sumarlas y ubicarlas en la senda de las
realizaciones.
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